Cuando una persona experimenta laringitis o se queda afónica, las cuerdas vocales se inflaman, se vuelven gruesas y no pueden producir sonido. La tensión vocal continua puede llevar a trastornos más graves, como ronquera persistente, dificultad para respirar, tono inapropiado (demasiado alto o bajo) o volumen inadecuado (demasiado alto o suave).

Para proteger tu voz:

  • Evita gritar o chillar. Si sientes presión o tensión en la garganta, el cuello o los hombros, hablas demasiado alto.
  • Si necesitas proyectar tu voz, asegúrate de usar respiración abdominal.
  • Evita aclararte la garganta constantemente, toser y hablar en voz alta.
  • Descansa tu voz (no susurres). Mantén tu garganta húmeda bebiendo mucha agua.
  • Cuida lo que comes. La acidez estomacal frecuente y el sabor amargo de boca pueden hacer que los ácidos estomacales se derramen sobre la laringe.
  • Ten cuidado con tu voz cuando tengas un resfriado. Busca atención médica para infecciones de sinusitis y alergias.