Probemos un experimento. Coge una caja de cartón cuadrada, que mide 2m x 2m, y coloca una trampa para ratones en las dos esquinas opuestas de la misma. Si activas una trampa, ¿Puedes imaginarte cuál es la posibilidad de activar la otra también? No es muy alta. Si añades algunas trampas más, ¿Es más probable que la activación de una más, desencadene en una reacción en cadena?

Cuantas más trampas estén en la caja, mayor será la posibilidad de que todas las trampas se activen cuando se active una. Si continúas agregando trampas, eventualmente alcanzarás la “masa crítica”, el punto en el que al desactivar una trampa activarás todas las trampas en la caja. Hay tres métodos para alcanzar la masa crítica. Una es obtener una caja más pequeña, otra es agregar más trampas y la tercera (y la más efectiva) es hacer ambas… agregar más trampas a una caja más pequeña.

Relacionemos esto con la vida. Las trampas de ratón representan tus acciones. La caja es el tiempo que te lleva para completar tus acciones. Cuanta más acción realices en un período de tiempo, más probabilidades tendrás de alcanzar una masa crítica. Esta es solo una manera elegante de decir que cuanta más acción realices en un día, más probabilidades tendrás de tener éxito.

Una caja de 2m x 2m tiene un fondo con un área de 4m cuadrados. Una caja de 4m x 4m tiene un fondo con un área de 16m cuadrados. Cuando duplicas el tamaño de la caja, cuadruplicas el número de trampas necesarias para la masa crítica. Volviendo a la vida. Cuando tu tiempo para actuar se duplica, necesitas cuatro veces más acciones para lograr el éxito.

Tres métodos para lograr un mayor éxito: no lo demores en el tiempo, lleva a cabo más acción y, para ser más efectivo, ¡HAZ AMBOS!