Vivimos en un mundo que cambia rápidamente. Las cosas no son lo mismo hoy como lo fueron ayer, y no serán mañana como lo son hoy. Literalmente nos despertamos en un mundo nuevo todos los días. Los increíbles avances en tecnología nos brindan la capacidad de hacer cosas y conocer cosas que eran desconocidas hace solo unos pocos años.

Las vidas de las personas también cambian. Si deseas verificar que se está produciendo un cambio, mírate en el espejo. Eso es suficiente para sorprendernos con las realidades del cambio. Nuestras vidas cambian. Los niños crecen. Las relaciones y las circunstancias cambian. Lo que una vez dimos por sentado, en términos de estilo de vida, carrera, amistades o salud, cambia, y aunque podemos ver algunos de esos cambios como positivos, otros podemos considerarlos más negativos. Es la esencia de la vida.

¿Alguna vez has ido al supermercado y descubriste que todos los artículos se habían cambiado a diferentes lugares? ¿Cómo te hace sentir eso? La mayoría de nosotros reaccionamos negativamente. El cambio puede ser frustrante, irritante e incómodo. El cambio nos obliga a salir de nuestra rutina. Pero después de un tiempo, nos adaptamos.

La vida es así. Se producen cambios, cambios que no siempre deseamos ni acogemos. A medida que cambian las cosas, a menudo tenemos que tomar la decisión de aceptar estos cambios y crecer a partir de ellos. El Dr. Carl Hammerschlag dice: “El crecimiento no tiene nada que ver con agregar cosas sino dejarlas ir”. Y dejarlo ir suele ser lo más difícil.

Para tener grandes días, debemos darnos cuenta de que el cambio es inevitable, y nuestra única defensa es abrazar algunos de los cambios y aceptar los demás.